Dr. L. Enrique Terrazas S. - Instituto de Investigaciones Fármaco Bioquímicas "Enrique Terrazas"

La fuerza de las segundas oportunidades

Hay vidas que no siguen la línea recta que imaginamos, sino que avanzan en espirales: retroceden, giran, se detienen, y, aun así, llegan más lejos de lo esperado. La historia de Luis Enrique Terrazas Siles es una de ellas. Nacido en La Paz en 1966, estudió bioquímica y farmacia en la UMSA, destacándose como auxiliar de docencia.

Quienes lo conocieron, describen una persona de gran creatividad, curiosidad inmensa por entender el mundo invisible de los microorganismos, y sobre todo, afabilidad y gentileza. Su pasión por la ciencia lo llevó a ingresar a un programa doctoral con la determinación de contribuir a generar nuevos conocimientos. Pero el camino, como suele ocurrir, no fue fácil. Circunstancias personales y dificultades académicas interrumpieron su primera tentativa de culminar el doctorado. En ese momento, muchos habrían desistido.

Sin embargo, él no lo hizo. Con el tiempo, regresó —con más madurez, con más serenidad y con un sentido renovado de propósito— para intentarlo otra vez.  A fines del año 2000, Quique fue reclutado en el programa de doctorado UMSA/Asdi para conducir la investigación sobre la aplicación de enzimas producidas por hongos bolivianos en la degradación de compuestos orgánicos persistentes. En esa segunda oportunidad, no solo logró terminar su doctorado, sino que fue parte de la primera generación de doctores en ciencias formada en el programa sandwich entre la UMSA y la Agencia Sueca de Cooperación para el Desarrollo Internacional (Asdi), abriendo el camino, junto con María Teresa Álvarez, para quienes vendrían después. Su logro fue más que un título: fue una victoria contra las dudas, el cansancio y el miedo al fracaso.

Su carrera se distinguió por la humildad, la creatividad y el compromiso. Nunca perdió la capacidad de asombro ni la disposición de aprender, incluso de sus propios tropiezos. Enseñó con el ejemplo que las caídas no definen una vida, sino la capacidad de levantarse. Siempre dispuesto a trabajar con estudiantes, guiarlos y animarlos, se constituyó en un referente tanto en la Facultad de Ciencias Farmacéuticas y Bioquímicas como en la comunidad científica de la UMSA.

Las ideas de proyectos que fue compartiendo se fueron materializando con los años en investigaciones sobre biorremediación (limpieza de ambientes contaminados con ayuda de microorganismos), biorrefinería (transformación de materia orgánica en productos de alto valor) y producción de bioinsumos (productos de origen biológico de apoyo a la producción agropecuaria), plasmadas en más de 20 publicaciones indexadas y asesorías de tesis de pre y postgrado.

El destino, sin embargo, le presentó una última prueba: la leucemia. Frente a la enfermedad, mantuvo la misma fortaleza que lo acompañó en su vida académica. Aun en los días más difíciles, hablaba de sus proyectos, de sus estudiantes, de los sueños que seguirían creciendo más allá de él.

Cuando falleció en 2011, dejó un legado imborrable: no solo el conocimiento que generó, sino la lección profunda de que las segundas oportunidades existen, y que a veces, cuando se aprovechan con fe y perseverancia, son las que verdaderamente definen una vida. En reconocimiento a su legado científico y humano, el I.I.F.B. decidió adoptar su nombre en 2013.  Así, su historia sigue inspirando a quienes desean contribuir a la sociedad mediante investigación, sin dejarse vencer por las dificultades que se encuentren en el camino.

Placa conmemorativa