La semana pasada, el Gobierno dijo que las lluvias afectaron el aislamiento de los lixiviados. La Alcaldía lo negó y sostuvo que realiza un control estricto.
Refuerzan trabajos en Alpacoma, los vecinos temen por las lluvias

Las lagunas de lixiviados se encuentran aisladas a la espera de ser recolectadas. Fotos: Víctor Gutiérrez / Página Siete
Leny Chuquimia / La Paz
Por las lluvias, se refuerzan los trabajos en los diques y canalizaciones que separan los lixiviados liberados por el colapso de Alpacoma de las aguas que fluyen por la quebrada de Alpaco y que desembocan en el río Achocalla. Los vecinos temen que las precipitaciones afecten los desvíos con los que la comuna evita la contaminación de los afluentes.
El pasado 15 de enero, un deslizamiento desestabilizó la celda cuatro del relleno sanitario de Alpacoma, uno de los depósitos más antiguos del botadero. El incidente causó un derrame de 850 mil metros cúbicos de residuos sólidos que fueron compactados y enterrados hace 14 años. La basura se desplazó cerro abajo por algo más de un kilómetro.
“Desde el primer momento hemos confinado las aguas lixiviadas en una fuente. Las hemos cerrado ahí y hemos evitado que sigan bajando hacia el río Achocalla. Desviamos las aguas que bajan de El Alto, más las de lluvia, por un canal de tres metros de profundidad y un metro de ancho, para que no se mezclen con los líquidos que están con desechos”, dijo el alcalde Luis Revilla.
Sus declaraciones fueron en respuesta a las que dijo el director general de Agua Potable del Ministerio de Medio Ambiente, Edwin Laruta, quien luego de una inspección aseguró que las lluvias del lunes pasado habían afectado los diques que contienen las aguas tóxicas. “Hubo un incremento en el caudal bastante elevado. Ha rebalsado los atajados. Obviamente ha arrastrado lixiviados”, afirmó.
En la parte baja de la quebrada de Alpaco está el tercer dique (ver infografía) construido por la Alcaldía para frenar el avance del derrame de lixiviados. Dista poco más de dos kilómetros de la celda que sufrió el colapso, según evidenció Página Siete en una visita.

No llovía, pero ciertos tramos de la canalización de Alpaco estaban casi al límite.
A diferencia de los diques 1 y 2, de la parte alta -que están separados del río por un cerro- la tercera fuente de retención de líquidos tóxicos está a menos de cinco minutos de caminata cuesta arriba.
En una especie de plataforma, hay tres lagunas de color oscuro y malolientes que ocupan casi todo el ancho de la quebrada. Al costado derecho un tractor refuerza las paredes de una zanja angosta. De un metro de ancho y tres de profundidad, ese es el canal que la comuna habilitó para las aguas que bajan desde Ciudad Satélite y que aumentan de gran manera con las lluvias.
“Ahora eso no está contaminado porque lo han separado de los lixiviados. Han desviado el río desde arriba y eso es peligroso”, dice uno de los obreros que extrae arena en los alrededores.
Dice que cuando empezaron los trabajos les aseguraron que sería un desvío temporal. Les explicaron que mezclarían esas aguas oscuras con tierra para formar una masa que pueda trasladarse.
“Dijeron que así se llevarían todo ese tóxico y el río retomaría su curso. Pero las aguas contaminadas siguen ahí y las lluvias están aumentando. Eso es peligroso porque el agua siempre busca su camino y el desvío no va a aguantar”, afirmó el obrero.
Durante la visita de Página Siete no había lluvia y el canal estaba casi al tope. En la pared aún queda la muestra del arrastre del agua que sobrepasa el borde de la zanja. También hay material de arrastre acumulado en el desemboque.
Los operadores de la maquinaria pesada en el lugar señalaron que no hubo ningún rebalse de los diques. Comentaron que la lluvia aumenta el caudal y que por eso se trabaja todo el tiempo reforzando y elevando las paredes de las zanjas para evitar que haya contacto con los lixiviados.
“Ese lunes ha llovido y claro que el agua ha bajado, pero eso no es nada en comparación a cuando llueve fuerte. Cuando graniza esa quebrada es grave, se hace una catarata que arrastra todo, no es solo agua, sino una masa, da miedo. Una de esas precipitaciones puede llevarse dique y plataforma”, dijo un vecino.
Como otros habitantes y areneros que trabajan en el río Achocalla, prefirió no dar su nombre. “Se fijan quién se queja y quién no”, comentó.
Expertos recomiendan contraperitaje del río

El afluente que desemboca en el río Achocalla fue aislado de los lixiviados.
El jueves 24 de enero, el ministro de Medio Ambiente y Agua, Carlos Ortuño, señaló que los exámenes de laboratorio realizados al río Achocalla detectaron concentraciones de plomo “28 veces más altas que lo normal”. Sostuvo que la causa era el deslizamiento de lixiviados del relleno sanitario de Alpacoma. Expertos recomiendan un contraperitaje.
“En metales pesados, el promedio de concentración de plomo en el río Achocalla ha sido establecido en 1,179 miligramos por litro. Se ha hecho una comparación de aguas abajo con la confluencia del río La Paz (y la concentración de plomo) es de 0.0424. ¿Qué quiere decir? Que el dato de concentración de plomo está 28 veces más alto de lo que aparece normalmente”, declaró Ortuño.
Consultado sobre estos estudios, el investigador y docente emérito de la UMSA Roger Carvajal señaló que los valores de plomo presentados eran muy elevados, motivo por el cual es necesario hacer un contra peritaje.
“Si no hay error, esas concentraciones de plomo son extremadamente altas y comparables sólo con aguas que salen de las minas, entonces yo tengo mis reservas. Habría que hacer un contraperitaje, un protocolo que siempre debe realizarse”, dijo Carvajal.
El ingeniero investigador de la UMSA Óscar Paz, quien es parte de la comisión multidisciplinaria que hará los estudios en Alpacoma, coincidió en que es mejor realizar otras muestras.
Página Siete solicitó al Ministerio de Medio Ambiente y Agua los resultados de los estudios de laboratorio realizados por Epsas. Hasta el momento no recibimos respuesta.

