La Paz, 20 de agosto de 2026 (DCOM-UMSA).- Imilla Negra, Imilla Roja, Phiñu Roja, Phiñu Negra, Pintaboca y Maman Peke. Sus nombres hablan de la enorme diversidad de papas que guarda el altiplano boliviano y hoy también cuentan la historia de Rosmilda Quispe, una estudiante de Santiago de Machaca que encontró una manera de darles valor agregado y convertirlas en un producto que gusta en todo el mundo: las papas fritas.
Rosmilda creció entre cultivos y animales. En su familia se produce papa, cebada y quinua, además de criar ganado camélido, ovino y vacuno. Esa vida ligada al campo la llevó a estudiar Ingeniería en Producción y Comercialización Agropecuaria (ahora Ingeniería Agroindustrial) en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la sede de Viacha. Allí, entre clases y docentes que alentaban a los estudiantes a pensar también como emprendedores, comenzó a mirar de otra manera las papas que producía su propia familia.
La idea tomó fuerza cuando advirtió una paradoja. En buenas épocas de cosecha hay mucha papa en el mercado, los precios bajan y producir variedades nativas puede resultar poco atractivo porque requieren mayor trabajo y tienen menor rendimiento frente a otras variedades comerciales. “Entonces me pregunté cómo puedo mantener estas variedades, producir y darles un valor agregado para generar más ingresos. Ahí nace la idea de mis papas fritas nativas”, recuerda Rosmilda.
Una tarea universitaria sobre valor agregado la llevó a recorrer mercados, supermercados y tiendas buscando papas fritas elaboradas con variedades nativas y encontró muy pocas. Allí vio una oportunidad y nació “Sabory”. Pero detrás de cada bolsa hay mucho más que una papa cortada y frita.
En Santiago de Machaca, municipio de La Paz, su familia prepara la tierra, siembra, realiza el aporque, cosecha y selecciona las papas. El abono proviene de los animales que crían, no utilizan fertilizantes químicos, todo es orgánico, afirma Rosmilda. Después de la cosecha, las papas más grandes viajan hasta La Paz, donde ella y su hermana las transforman.
Cada variedad responde de manera diferente al proceso y ofrece sabores, texturas, colores y características propias. Así, una producción que comienza en el cultivo familiar termina convertida en un emprendimiento que busca demostrar que preservar la diversidad también puede significar encontrar nuevas maneras de consumirla.
Como otros emprendimientos universitarios, Rosmilda encuentra en la UMSA un espacio para mostrar y comercializar su producción, con el impulso del Departamento de Emprendimiento, Innovación y Transferencia Tecnológica (DEIU). Quienes quieran probar estas papas fritas nativas pueden encontrar a Rosmilda todos los viernes, de 09:00 a 14:00, en el atrio del Monoblock Central de la UMSA. Las bolsas se venden a Bs 5 y Bs 10, y también se puede realizar pedidos directamente al 74055846.
Este 20 de agosto, cuando el mundo celebra el Día de la Papa frita, uno de los productos más populares, Rosmilda propone probar las papas fritas desde otro lugar, el de la diversidad de las papas nativas bolivianas. Imilla, Phiñu, Pintaboca y otras variedades que su familia cultiva en Santiago de Machaca encuentran así una nueva forma de llegar a la mesa, esta vez convertidas en ese bocadillo crujiente que conquistó paladares en todo el mundo.
















