La Paz, 7 de octubre de 2026 (DCOM-UMSA).- Más de 120 jóvenes de Derecho, Psicología y Trabajo Social pasaron desde 2019 por el programa SLIM UMSA, llevando sus conocimientos a municipios rurales para fortalecer los Servicios Legales Integrales Municipales, que no siempre cuentan con todos los profesionales que necesitan. Su trabajo no queda en las oficinas, también llegan a comunidades alejadas y escuelas para prevenir la violencia. En algunos lugares, hacerlo significa caminar durante horas o incluso recurrir a bicicletas.
En las áreas rurales, la violencia contra las mujeres convive con barreras que dificultan pedir ayuda. Elizabeth Guzmán, coordinadora general del SLIM UMSA, cuenta que todavía encuentran mujeres que desconocen que existe un SLIM en su municipio y otras que llegan a los servicios de salud con signos de violencia, pero atribuyen sus lesiones a una caída o un accidente. En algunas comunidades también identificaron situaciones de control de pareja que limitan incluso el acceso de las mujeres a una consulta médica.
“Es triste ver a las mujeres sometidas. Algunas no quieren denunciar o no lo hacen porque ni siquiera saben que hay un SLIM en su municipio. Por eso necesitamos reforzar estos servicios, llegar con nuestros estudiantes egresados, informar a la población y hacer prevención. Ese es el propósito de nuestro programa”, señala Guzmán.
El SLIM UMSA comenzó en 2019 como una experiencia piloto con apoyo de la Cooperación de Suiza y ejecutado por Swisscontact Bolivia, y las carreras de Derecho, Psicología y Trabajo Social. Los municipios solicitan el apoyo según sus necesidades y la UMSA convoca a egresados que realizan durante ocho meses su trabajo dirigido como modalidad de titulación. Antes de partir reciben capacitación especializada para incorporarse a los equipos municipales y trabajar en atención y prevención de la violencia.
Una huella que permanece
En estos años, el programa tuvo presencia física en más de 30 municipios y varios de sus jóvenes posteriormente fueron contratados como profesionales. En Tiwanaku, donde el SLIM municipal contaba solo con un abogado, la UMSA completó el equipo con Psicología y Trabajo Social y, tras la experiencia, el municipio los contrató como su propio equipo multidisciplinario.
En Achocalla comenzaron con un equipo multidisciplinario de estudiantes y ahora solicitan tres, mientras que desde Ixiamas acudieron recientemente a la universidad en busca de profesionales y contrataron a uno de Psicología y otro de Derecho que habían pasado por el programa. “Los municipios nos piden profesionales, porque esa experiencia es reconocida”, destaca Guzmán.
Llegar hasta donde se necesita también implica un esfuerzo económico. En Santiago de Huata, por ejemplo, estudiantes caminan horas o llegan en bicicleta a comunidades y escuelas alejadas para realizar acciones de prevención. Los municipios otorgan a los egresados un estipendio para transporte y alimentación y, en lugares alejados, pueden facilitar vivienda. A ello se suma la posibilidad de acceder a una beca de la UMSA, apoyo que Guzmán destaca fue gestionado con el respaldo de la rectora María Eugenia García, Ph.D.
Con los años, las necesidades encontradas en territorio hicieron que al programa se sumaran Medicina, Informática y Comunicación Social. Así, lo que comenzó con tres carreras fue creciendo junto a los municipios. Y los jóvenes también crecieron con la experiencia, porque fuera del aula descubren que su profesión puede orientar a una mujer, acercarle ayuda o hacerle saber que no está sola.




















