La Paz, 19 de agosto de 2026 (DCOM-UMSA).- Durante generaciones, los agricultores del altiplano aprendieron a reconocer qué papas soportan mejor una helada o una sequía. Ese conocimiento ancestral es ahora el punto de partida de una investigación de la UMSA que busca identificar genes de resistencia en variedades de papas nativas y aprovecharlos para desarrollar cultivos mejor preparados frente al cambio climático.
Ese es el objetivo de “Papas Resilientes”, un proyecto del Instituto de Ecología de la Universidad Mayor de San Andrés que trabaja inicialmente con cerca de 60 variedades. Su coordinador, el Dr. Carlos Molina, explicó que se identifica junto a comunarios productores aquellas papas que, por años de experiencia en su cultivo, son reconocidas por su resistencia.
“El objetivo principal es rescatar los conocimientos ancestrales de las comunidades, revalorizar las especies nativas que tienen y ver cuáles llegan a tener adaptabilidad a condiciones ambientales extremas, entre ellas las heladas y las sequías”, indicó Molina.
Luego, los investigadores buscarán los genes asociados a esa resistencia para estudiar si, mediante cruces tradicionales, esas características pueden transmitirse a otras variedades nativas. Entre las papas conocidas por su capacidad de resistencia están la luq'i, Sisu, Phiñu e Imilla Negra. El trabajo reúne a especialistas en distintas áreas, entre ellas producción, suelos y riego.
El proyecto se desarrolla en Marka Corpa, del municipio de Jesús de Machaca (La Paz). Julian Condori, comunario y productor de papa, detalló que conservan numerosas variedades nativas. “Llevamos años en esto y sabemos cuáles pueden resistir la sequía y las heladas, pero también sabemos que necesitamos a los especialistas de la universidad para avanzar y mejorar nuestros cultivos”.
Por su parte, Máximo Liberman, director del Instituto de Ecología, recordó que la papa se originó y domesticó en la región andina de lo que actualmente son Bolivia y Perú, desde donde posteriormente llegó al resto del mundo. Esa diversidad se expresa en papas de distintos tamaños, colores, texturas, sabores y características de adaptación, un patrimonio que hoy también puede aportar respuestas frente a un clima cambiante.
La meta ideal, explica Molina, es que los genes de resistencia identificados puedan incorporarse mediante cruces tradicionales a variedades con buenas características productivas y obtener, en las siguientes generaciones, papas que combinen mayor producción y capacidad de adaptación a efectos del cambio climático.

















